En tiempos de un narcoestado, de decenas de casos incomprensibles, de juzgados mal juzgados.
En tiempos de problemas con amigos, de escritos leídos en el tono inadecuado, de malentendidos e incomprendidos.
En tiempos donde anhelamos justicia, buscamos una medida… un perfil…
…Unos motivan a ser justos como los jueces, otros a ser justos comos los padres… unos invitan a ser justos como las leyes y otros a ser justos como el juzgado…
… “Deben ser justos como la Iglesia” … “deben ser justos…”
Pero todos son parámetros de la tierra…, parámetros modificables, y con esos parámetros… al final, lo justo es injusto.
Y justo cuando me iba desanimando ante la impotencia de no encontrar justicia alguna me di cuenta que … debemos ser justos como el tiempo.
El estudiante que espera el viernes un examen sentirá la semana pasar con una prisa inexplicable, pero la madre que espera parir a su primerizo no encuentra la hora de que ese mismo viernes llegue.
Los novios que disfrutan dos horas de película notarán que el tiempo pasó de volada…, justo el mismo tiempo que voló un niño temeroso en un avión y se encontró esas las dos horas más largas de su vida.
La joven que espera los resultados de un análisis… la madre que logra dormir a su pequeño… sienten los mismos minutos en dimensiones tan diferentes…. Pero son los mismos minutos… y así de justos debemos ser.
La justicias siempre pesará sobre uno y aliviará sobre otro, pero debería ser tan firme como el tiempo… tan imparcial como los minutos… tan perfectos como el tic tac del reloj.
Si una lección debería haber en derecho… si una lección debería haber en la vida es que tenemos que aprender a ser justos como el tiempo.