En busca del Fondant perdido…

Siempre he sido dulcera… que de eso no quede duda! Los buenos suspiros, los cremosos bizcochos, los suaves rellenos , ni muy dulces ni muy amargos, que den una textura impresionante y enviciadora.

Siempre he sido dulcera, pero nada de esas extrañas combinaciones de frutas hechas dulces…. (excepto el cacao, o mejor dicho lo que sale de esa fruta tropical.. que al final no puede ser considerado fruta). Me gustan los tradicionales: chocolate y vainilla… dulces de leche, un toque de caramelo… De hecho, tiendo a ser feliz con una barra de chocolate de postre… soy dulcera y punto.

Pero últimamente me había encontrado con la desdicha de malos sabores… talvez la economía ha hecho que la vainilla no sea más vainilla, sino un polvo que con toques de agua se convierte en supuesta crema de relleno; que el mousse de chocolate sea bizcocho con un toque de mousse. O talvez la  culpa es de la competencia, pues hay lugares con deseos de poner sus postres tan especiales, que con tanta mezcla hacen que uno se empalague de primera vista. Y ni pensar en la famosa crema que da un “toque” a los postres… pero al final comes crema!… .NO NO NO… a mi denme sustancia, quiero comer mi dulce!

Con esas ultimas malas experiencias, y sumando el que debía controlarlos por “dieta”, me había olvidado de ellos (o los había sustituido por simples barras de chocolates), hasta que un día fui a un restaurante en la playa…

(Hay que admitirlo, la playa cambia todo).

Luego de unos ricos camarones al ajillo de entrada, y un desastre de ceviche de dorado que apenas removí y me lamenté porque igual había que pagarlo,  me había resignado a distraerme con la hermosa vista del mar que tenía, y la agradable compañía … (aquí debo aclarar que un mal plato, o tener hambre me pueden dañar todo el día… ya he dicho: NO RELAJEN CON MI COMIDA!).

Pero bien dicen que no hay mal que por bien no venga, y es que si me hubiese comido todo ese ceviche, de seguro no podría “entrarle” al postre…  de hecho, no había pensado en postre… no sabía que tenían postre… hasta que vi en la mesa de al lado a una pareja disfrutando algo extrañamente jugoso, definitivamente chocolate, con una bola de helado… y dije: QUIERO ESO!

Tardaron mucho para llevarlo… estaba cerquita de enojarme (en serio, no relajen con mi comida), hasta que esta maravilla llegó… según escuché se llamaba FONDUE… pero luego dije que eso no es un fondue, y me repitieron: FONDANT… Vaya ignorancia… no conocía del fondant la chica que hace unos meses quiso inmiscuirse en la repostería, pero luego de una inversión en materiales, y tres intentos de bizcochitos con suspiros (muyyy buenos por cierto), se rindió.

Pedimos otro (estaba tan delicioso), pero ya no había más…. ¡DE LO MAS RICO DEL RESTAURANTE NO HABIA MAS!… mi mente se movió casi más rápido que cuando nos llegó la información de la captura de Figueroa Agosto, y armó un sistema organizado de posibles restaurantes con este postre en Santo Domingo donde pueda suplir el deseo que se quedó a medias en la playa.

Haagen Dazs fue mi primera opción… dije: si ellos tienen el mejor helado, y todos hablan de sus deliciosos brownies a la moda, estoy segura que deben tener… VAYA ERROR… un famoso dulce de pedazos de Brownie con chocolate liquido y dos bolas de helado no fue más que otro de esos dulces empalagosos que de solo verlo me saturó… y ni pensar la sensación luego de 3 mordidas… Creo que postres tan elaborados y grandes son una aberración del placer de la sobremesa que hace que salgamos odiando al chocolate… (Perdón, nunca quise decir que lo odiaba… fue solo el sentir del momento).

Gracias a varios vasos de agua, y el empezar de un nuevo día mi amor por el chocolate volvió, y continué ese lunes en busca del mejor FONDANT DE CHOCOLATE… y vaya que Twitter es genial… ¡me dieron una lista de restaurantes!

Al primero que asistí fue a Porter House… me quedaba cerca y me daba la impresión de que podría tener un buen dulce. ¡Así fue!… luego de esperar lo que hay que esperar para un buen fondant, llegó. Un pozuelito con bizcocho de chocolate espolvoreado con azúcar de repostaría y una bola de helado al lado… sin emocionarme, le entré una cuchara…como cuando tentamos un plato haciéndose al horno para ver si está… y brotó el chocolate líquido… ¡estaba en su punto!. Estaba TAN en el punto que luego he ido 3 veces… la segunda no me agradó tanto, tenía más bizcocho que chocolate líquido, pero en la 3era ocasión enmendaron su error…

En medio de esas 3 visitas al primer restaurante, decidí visitar MIX, uno de mis restaurantes favoritos en Santo Domingo, donde también los hacen… tienen dos opciones: uno normal, y uno de caramelo, chocolate blanco y chocolate negro. Lo sé, probablemente dirán que el último suena espectacular… pero la verdad, fue de esos postres que empalagan de una mordida. Y el tener el helado por arriba hace que se derrita al segundo, y terminas con una sopa de dulces que no sabes por “dónde entrar”. De regresar, me quedo con el tradicional (que estaba delicioso) y pido la bola de helado aparte… así puedo degustar el chocolate líquido que brota del bizcocho recién salido del horno y de la contrastante textura del helado.

La pasión que me ha dado el disfrutar de un postre nueva vez, me inspiró a compartirlo… y es que la comida une, inspira y se hace disfrutar… (deberíamos aprender un poquito de la buena comida).

NOTA: A medida que siga en esta persecución de FONDANTs u otros dulces, les prometo compartir.

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